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Tu salud mental también habla de lo que te rodea

Foto del escritor: Brenda Espín
Brenda Espín
3 ago
2 min de lectura

Actualizado: hace 6 horas

A veces pensamos en la salud mental como algo que ocurre únicamente dentro de nosotras y nosotros: nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestras decisiones. Pero ¿qué pasa si aquello que sentimos también tiene que ver con el mundo que habitamos?


Nuestra salud mental no ocurre en el vacío. Las relaciones que construimos, las condiciones en las que vivimos, las expectativas sociales, el trabajo, la economía, los mandatos de género y el ritmo acelerado de la vida cotidiana también influyen en nuestra manera de sentir y de relacionarnos con el mundo.


Por eso, en el acompañamiento psicoterapéutico podemos mirar el malestar desde otro lugar. No todo lo que duele es una falla personal. A veces, lo que sentimos también nos habla de aquello que estamos viviendo y de las condiciones que nos rodean. Y que, muchas veces son desiguales y retadoras con efectos diferenciados.


Quizá esa sensación de agotamiento constante no tenga que ver solamente con un "no sabes organizarte". Quizá detrás de la culpa, la ansiedad o la dificultad para poner límites también existan expectativas que has aprendido sobre cómo deberías vivir, trabajar, relacionarte o cuidar de otras personas.


Esto no significa que no tengamos responsabilidad sobre nuestras vidas. Significa que podemos dejar de mirarnos con culpa y empezar a preguntarnos con curiosidad: ¿qué está pasando conmigo?, ¿qué está pasando a mi alrededor?, ¿qué aprendí que debía ser y qué quiero realmente para mi vida?


El espacio terapéutico puede ser un lugar para hacer una pausa, ponerle palabras a aquello que estamos viviendo y cuestionar algunas de las ideas que hemos aprendido a dar por naturales. También puede ser un espacio para reconocer nuestros recursos, nuestras respuestas y las formas en que ya hemos intentado cuidarnos y resistir aquello que nos hace daño.


Comprender nuestro malestar no significa quedarnos atrapados en él. También puede ser el comienzo de construir una relación diferente con nuestra historia, con quienes somos y con el mundo que habitamos. Un espacio para detenernos. Para escuchar. Para cuestionar. Y, poco a poco, para imaginar otras formas posibles de vivir.

 
 
 

1 comentario


Jorge Lopez
Jorge Lopez
03 ago

wow

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